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Inglaterra. Londres en 4 días.

Inglaterra. Londres en 4 días.

Tenía solo tres noches y cuatro días para intentar ver y saborear Londres todo lo que fuera posible, o al menos, lo imperdible. Con ese objetivo, me dispuse a intentar lo imposible. Primera cuestión: Londres es muy cara. Y si esto es así para quien llega con euros o dólares, para nosotros aún más. Por lo que más vale dejar de hacer la conversión en pesos y disfrutar.

Moverse en una ciudad tan grande requiere de un transporte ágil y rápido. Y para esto, el underground londinense –el más extenso del mundo- es por lejos la mejor opción. Aunque alguna vez se pueda cambiar por el clásico bus de dos pisos para ver la ciudad desde arriba. Conviene comprar la tarjeta Oyster que por una semana sin límites de viajes. Además permite viajar en los ómnibus y trenes locales, y brinda descuentos en paseos y atracciones.
Va cayendo la tarde y se impone ir a Picadilly Circus, la pequeña plaza-rotonda más famosa, dominada por la estatua de Eros, en la que confluyen varias calles y avenidas, y punto obligado de encuentro. Principalmente por la noche ya que en las cercanías se hallan los teatros, pubs, discos y restaurantes que, como en toda ciudad cosmopolita, los hay de cuanta nacionalidad uno imagine. Tras caminar sólo dos cuadras, por ejemplo, aparecí en pleno Barrio Chino, donde tuve mi primera cena en Londres.
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La mayor actividad cultural nocturna, se concentra en los teatros. Caminando por Shafstesbury Avenue, primero llegué a Leicester Square y luego me perdí por varias de la callecitas del bohemio Covent Garden, donde se concentran la mayoría de los escenarios, principalmente de los musicales, que hoy son más de 30, incluso superando a Broadway. Hay para todos los gustos y para nuestro proverbial orgullo argento, Elena Roger encabeza uno de los más exitosos, Evita, papel por el cual es candidata a ganar el Olivier a la mejor actriz en una obra teatral. Los precios son altos por lo que decidí comprar mi ticket en uno de los tantos localcitos ubicados en los alrededores de Leicester Square donde venden las entradas con descuento. Decidí que esa noche iba a aprovechar una de las ofertas de pre theatre dinner que ofrecen los restaurantes de la zona, que aunque me obligaba a cenar temprano –de 18 a 20-, no estaba mal cuando a las 17 ya está oscuro en invierno.
A la mañana del segundo día, me levanté temprano para comenzar la recorrida histórica. Mapa en mano, partiendo de Trafalgar Square, tomé por la avenida Whitehall y luego de ver varios de los edificios símbolos del poder político actual, como el Ministerio de Guerra y la casa del primer ministro, llegué hasta el Parlamento y el emblema de la ciudad, el Big Ben. A sólo unos metros, me metí en la imponente Abadía de Westminster, donde se corona a los reyes y descansan los restos de muchos de ellos. Siguiendo la caminata hacia el noroeste, atravesé St. James Park y llegué al Palacio de Buckingham, morada oficial de la reina y cuyo cambio de guardia convoca a cientos de turistas, en una ceremonia única que cierra la banda de música interpretando canciones tradicionales.

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Por la tarde, aproveché el esquivo sol londinense y resolví conocer Londres desde el Támesis. Los barcos salen a metros del Puente de Westminster y el recorrido, desde el Parlamento hasta el Tower Bridge, es más que ilustrativo ya que las hermosas vistas de ambas orillas se acompañan con la descripción por altoparlante de los edificios y lugares de interés. Al regresar al punto de embarque, justo enfrente y en la misma vereda que el London Aquarium, me dejé tentar por una atracción tan exitosa que conviene comprar las entradas previamente por Internet para evitar una larga cola. Se trata del BA London Eye, una vuelta al mundo gigante con cabinas vidriadas que se detienen en su punto más alto -130 metros- para tener la vista más impresionante de Londres que se pueda lograr.

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Al día siguiente, decidí concentrarme en los museos, galerías y bibliotecas. Hay que pensar que si queremos recorrerlos a todos y detenernos a admirar en detalle las obras, no nos alcanzaría una semana. Empecé por el más importante de todos: el British Museum. Todos los pueblos del mundo, pedazos de su historia –literalmente hablando- se reparten en salas gigantes y tan variadas que se debe seleccionar muy bien a priori lo que no se quiere dejar de ver, si sólo vamos a invertir medio día en la recorrida. El resto de la tarde me sumergí en la imponente National Gallery frente a Trafalgar Square, con su colección de arte europeo desde el siglo XV, que se complementa con la vecina National Portrait Gallery y la Tate Gallery, ubicada hacia el oeste, a orillas del Támesis. Desde allí me tomé un barco hasta su hermana vanguardista, la Tate Modern, dedicada al arte contemporáneo y ubicada en la otra orilla – muy próxima a otro imperdible, el Shakespeare Globe Theatre-, en una vieja estación eléctrica. La cafetería de su último piso ofrece las mejores vistas de la ribera norte del Támesis, donde se destaca, justo enfrente, la cúpula de St. Paul’s Catedral, escenario de la boda del príncipe Carlos con la princesa Diana. Para llegar hasta ella, basta cruzar el puente del Millenium Bridge, el más nuevo de la Ciudad.
Desde allí, subte mediante, llegué hasta otro puente emblemático, el imponente Tower Bridge, y uno de los edificios históricos más pintorescos: la Torre de Londres, rodeada de los restos de una muralla romana que alberga, entre otras piezas, las Joyas de la Corona británica y una colección de armaduras reales. Esta fortaleza encierra gran parte de la historia sangrienta de Londres y amerita una visita guiada.

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En mi último día en Londres, no podía dejar de recorrer algunos de los cuidados parques y jardines que enlazan la Ciudad. Desde el Buckingham Palace, caminé por los senderos de Green Park hasta llegar a Wellington Arch y, desde allí, crucé hasta Hyde Park, bordeé el lago de la Serpentina y terminé la tarde, exhausto pero feliz, en Kensington Gardens. Ya era demasiado tarde para tomar el five o’clock tea en The Orangery, el viejo jardín de invierno del Palacio de Kensignton convertido en cafetería y restaurante. Será en la próxima visita!

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